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viernes, 24 de noviembre de 2017

La espera

              Una vez más se asoma inquieta a la ventana. Es muy tarde, nunca se retrasa tanto. Nadie viene por el camino que se pierde en el horizonte, allí donde el brillo violeta del sol casi se ha sumergido. La silueta negra de la densa chopera se ha disuelto en la noche que ya llega. Nada se mueve... Nada se oye...

El peatón

          Antes de pisar la acera, el peatón se asoma desde el portal. Mira a ambos lados. Cuando se cerciora de que no hay ciclistas peligrosos por las proximidades, salta a la vía pública.

         Conforme a la normativa municipal circula por la derecha, en este caso pegado a la fachada. Si estuviera de vuelta, caminaría sobre el bordillo de la acera. La parte central es para las bicis, patinetes, segway, etc.

         Camina llevando el casco reglamentario del peatón, que consiste en un bonete metálico sujeto con velcro a la barbilla; un intermitente naranja a cada lado, se activa o desactiva cuando el peatón inclina la cabeza al lado correspondiente: si tuerce a la derecha, inclina la cabeza a la derecha para que parpadee; cuando termina la maniobra, la cabeza vuelve a su sitio y el intermitente se apaga. Se sabe que hay en desarrollo un prototipo con espejos retrovisores, bocina.

jueves, 14 de septiembre de 2017

La balada de Manito


                         Esta tarde, vía Nueva York, Manito González aterrizará en el aeropuerto de Barajas. El anuncio de su llegada ha venido ocupando buena parte de las primeras páginas de la prensa de estos últimos días; varias cadenas de televisión y prácticamente todas las emisoras radiofónicas van a transmitir en directo el recibimiento popular que se le va a dispensar en la Puerta del Sol. Se dice que la asistencia va a ser tan multitudinaria y tan emotiva que va a dejar pequeño el recuerdo de otras recepciones semejantes. Desde todos los rincones del país han llegado a la capital cientos de trenes especiales y de autocares llenos de aficionados que no quieren perderse la oportunidad de vitorear y de contemplar a su ídolo en persona. En los hoteles, las pensiones, y los hostales ya no queda ni una sola cama libre. De las bocas de metro, de los balcones y de las farolas cuelgan cientos de carteles, estandartes y banderas con la imagen del campeón. Manito ha despertado tal admiración entre sus seguidores, los preparativos, el ambiente, y la euforia general son tan excepcionales que, sin duda, la de hoy será una fecha que pasará a la pequeña historia de los acontecimientos deportivos.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Un tipo con suerte

                                  Al reloj de la buena fortuna había que darle cuerda, así que traspasó el umbral del portón adelantando primero el pie derecho. El funcionario cerró tras él, sin despedirse. Después de casi siete años, al pisar por primera vez la calle, el talgo cruzaba la mañana por el otro lado de la carretera, veloz como un caballo desbocado, dejando escapar un sonoro bocinazo. Lo esencial ahora era disponer de algún dinero. Buscó un teléfono, y marcó un número local. No tardó en oir la voz de la vieja en el otro extremo de la línea. Mintió a la mujer al dar su nombre y al decirle que se hacia eco del anuncio en "El País" porque, como a ella, siguió mintiendo, recientemente la vida le había dejado sin cónyuge, y se sentía muy solo, y no tenía hijos, y contaba con una pensión holgada, y deseaba iniciar nuevas relaciones. La vieja se tragó el cuento, y se confesó turbada por buscar amistades de esa forma tan poco natural, pero es que vivía tan sola, tan olvidada... El prosiguió diciendo que llamaba desde Murcia, que deseaba enviarle su foto y unas letras de amistad y cariño cuanto antes. La mujer, entre agradecida y emocionada, dijo sin titubeos que vivía en la única mano, del tercer piso, del número cuarenta y dos de la calle Garibay.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Un monstruo a la medida

       Se pasaba las noches mirando la grieta del techo del salón, esperando que fuera lo que fuese lo que se ocultaba en ella, se atreviera a asomarse. Lo escuchaba respirar, un rumor pesado, uniforme. Trataba de imaginárselo, de otorgarle un aspecto, unos ojos, pero sólo conseguía imaginarse seres nacidos en películas de terror. 
     Por fin una noche, clavada la mirada en la grieta, vio cómo lentamente empezó a emerger..........una forma de aspecto parduzco, grasiento y gelatinoso que a medida que se liberaba del estrecho contorno de la fisura adoptaba un aspecto cilíndrico, azuleado por el resplandor tenue que derramaban al oscuro y desordenado salón las farolas de la calle. Se quedó atornillada en una esquina del sofá, tan sólo sus ojos no permanecían quietos y recorrían los contornos sinuosos de aquella masa. Apretó los puños y tensó todos los músculos del cuerpo, pero no se movió. Percibió diminutos ríos húmedos que le surcaban la espalda, la parte posterior de las rodillas, las axilas, la unión de los senos, el cuello. Fue a gritar, a pedir auxilio a su marido que dormía al otro lado del tabique, pero se contuvo; por miedo, o tal vez porque reconoció la artificiosidad del silencio que rodeaba lo que estaba viviendo; era aquel un silencio espeso, sólido y material, que ella conocía de las pesadillas que en los últimos tiempos se prodigaban en su mente como pantallas de feria que, como cuando era una niña, le permitían asomarse sin peligro a otros mundos y a otros seres.
       

viernes, 17 de diciembre de 2010

Fruta muy madura


     Desde que salí del hospital he pasado por un difícil proceso de aprendizaje hasta llegar a ser capaz de valerme por mí mismo, sin necesidad de que alguien cuide de mí. Ya sé usar la lavadora. Sé barrer hasta el último rincón de mi pequeño piso. Friego sin que se me escurran los platos de las manos. Plancho mis camisas todas las semanas (a veces lo dejo de una para otra, pero lo importante es que nadie, nadie, plancha por mí). Hasta soy capaz de avisar a un fontanero si un grifo no funciona. O al electricista cuando un enchufe no marcha. El otro día llamé al de la antena porque no había manera de sintonizar ninguna cadena desde que han puesto la tedete en todas partes. Vino y estuve charlando con él como si tal cosa, con naturalidad, con ese tono que se debe tener cuando uno es un hombre de mundo, acoplado perfectamente a su entorno, sabiendo en todo momento llevar la conversación con templanza: Que si no paraba de llover, que si este año la Real las va a pasar moradas en primera, que qué pena que España haya acabado campeona en el mundial, que si patatín, que si patatán etc, etc. Y yo, siguiendo cada tema como si supiera o tuviera opinión, que es de lo que se trata por lo que he podido observar en los demás. Bla, bla, bla...Vamos, creo que pasé la prueba con nota. Al despedirse el hombre me dio la mano y me miró con mucha amabilidad.

viernes, 13 de agosto de 2010

Crisis para todos

La crisis aprieta a quien menos te lo esperas. Por ejemplo, en el nido de la familia Pulguita. Papá y mamá Pulguita llevan días muy preocupados viendo como sus vástagos pulguitas no tienen nada para llevarse a la boca. Las exploraciones por colchones, camas, alfombras de la mansión donde viven han resultado estériles. Ya no quedan rastros de alimentos abandonados, ni cadáveres de insectos o ácaros que poder traer a su hogar, ni hay una gota de sangre por los alrededores. Para terminar con la situación los progenitores deciden arriesgarse esa misma noche, saben que el territorio que queda más allá de los dormitorios humanos no les pertenece a esas horas, pero mamá y papá Pulguita se aventuran por pasillos y otras dependencias prohibidas. Hay un refrán que dice que la suerte acompaña a los valientes. Y en esta ocasión se cumple (aunque sólo en parte como se verá), enseguida tropiezan con el cuerpo inflado de una araña viuda negra, refocilándose de su última caza, dormitando la digestión. Entre papá y mamá Pulguita la estrangulan en un periquete y la despiezan: patas por un lado, abdomen por otro, y los restos enteros sin digerir que aún lleva en su estómago los liban con fruición antes de ponerse de regreso al nido. Pero zass!!!...

viernes, 25 de junio de 2010

Vasos Comunicantes

El principio de los Vasos Comunicantes dice algo de que dos recipientes comunicados entre si, parece que alcanzan el mismo nivel de liquido sea cual sea la capacidad de cada uno de ellos. Más o menos eso es lo que Julen había entendido al profesor de física, al tiempo que se distraía viendo como las nubes cruzaban el rectángulo de la ventana del aula, y su mente volaba escocida por un intenso dolor en el alma causado por otro asunto personal que no le había dejado dormir la pasada noche y le impedía tranquilizarse. Si los objetos que le rodeaban fueran seres vivos, con un sistema nervioso como el humano, su pupitre, el asiento, la mochila donde llevaba los libros y las pesadas herramientas del taller de prácticas, la ropa que vestía, las nike, el mp3, el portátil, y en casa la cama, la mesilla, las puertas del armario, ahora mismo estarían soltando alaridos de dolor por las patadas y puñetazos que Julen les había arreado en las últimas horas, cada vez que él recordaba las palabras de Amaia reprochándole la ausencia de cariño con que él la trataba, la forma brusca y ruda de besarle, de amarle. Ella no quería seguir, dijo en la penumbra del dormitorio en donde pasaban la tarde de ese domingo. Sería la última que la pasaba con él. Adiós, dijo ella.
Ha oscurecido. Los compañeros se dirigen hacia el taller de forja cuando él decide que ya esta bien por hoy, que se muera el mundo, los profesores, los vasos comunicantes o cómo se llamen, y las novias que acaban con tres años de noviazgo sin pestañear.

miércoles, 9 de junio de 2010

Llamadas

Hace una semana Koldo, mi marido, me dejó este mensaje en el contestador de casa, en el fijo para entendernos. Su tono no era triste, ni reflejaba cómo estaba su ánimo, si es que estaba porque hay acciones que ya no precisan de sentimiento alguno, se hacen o se dicen y punto. Decía el mensaje de mi esposo, textual porque aún lo tengo grabado: "Isabel, ahora mismo voy a tomar un tren, camino hacia no sé donde. Me voy. Desaparezco. No quiero seguir contigo, ni con la vida aburrida que llevamos. Lo hemos hablado muchas veces. Es inútil que me llames porque en cuanto termine este mensaje echaré el móvil al Urumea. A los hijos diles lo que mejor te parezca". Colgué para inmediatamente comprobar el estado de nuestra cuenta corriente. Se había apropiado de la mitad del saldo. Debo reconocer que siempre fue un hombre muy ecuánime.

viernes, 12 de febrero de 2010

El secreto

Tendría unos siete u ocho años, cuando un compañero de aula me desveló medio en broma, medio en serio, el mayor secreto de la infancia. Muy asustado e inseguro por lo que acababa de saber, llegué a casa. Mi padre, pluriempleado como todos los padres de la época, se hallaba cortando patrones de camisas con unas grandes tijeras , reclinado sobre la mesa de su cuarto; como siempre que se concentraba en algo, la punta de la lengua le asomaba fuera de la boca, aprisionada entre los labios.
- Aitá, ¿los reyes son los padres? – le pregunté cerrando los ojos y apretándolos como cuando te vas a chocar contra algo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Escorpión

Comprobar bajos, cerraduras, maletero, asiento, volante... Una rutina estéril: las colocan de manera que es imposible detectarlas. Esta lucha es para profesionales. Hace cinco días que explotó la última, despedazando a Tomás, compañero. Ahora en nuestro bando es un alivio, estamos en lo que llamamos momentos-valle. Cinco días es todavía el tiempo en el que tenemos la certeza de que no habrá, de momento, otra bomba.
Ayer, día-valle, asqueado de esta tensa situación, me evadí de mis contactos y pude ver tranquilo, en un bar de carretera, la final Argentina-Alemania. Regresé muy tarde, no pudiendo aparcar junto al mercado, o cerca del colegio. Son puntos seguros, no existe, creo, descerebrado que haga explosionar un coche en medio de una masa de amas de casa, currantes, niños. Si van a por mí, o a por uno de los míos, tiene que ser un trabajo impoluto, de orfebrería pirotécnica. Ellos lo saben, nosotros también.

martes, 9 de diciembre de 2008

La cuenta

De vez en cuando, especialmente en alguna tarde calurosa, o en días de mucho frío y lluvia, me suelo refugiar durante un rato en la biblioteca del Koldo Mitxelena. En su interior me muevo sin rumbo, escogiendo libros al azar para leer sus primeras líneas, o entrando en la fonoteca para comprobar si hay alguna novedad, lo cual no sucede desde hace unos diez años.
Por fin, de manera simuladamente inconsciente, me acerco a las estanterías de los libros de ficción, sabiendo adónde quiero ir a parar. Siempre caigo en las proximidades de la triple inicial MAL. Allí se encuentra el libro que contiene uno de mis relatos preferidos. Su autor es Bernard Malamud, neoyorkino de origen judío. El título del relato "La cuenta". Pertenece a un libro que leí con quince años "El Barril Mágico", editado por Seix Barral en la colección Biblioteca Formentor, inencontrable hoy en día. El libro del Koldo Mitxelena, titulado en un alarde de agudeza "Relatos", pertenece a una recopilación más reciente.
"La cuenta" trata de la difícil supervivencia de un modesto tendero, bondadoso e ingenuo. Aún hoy, cuarenta años después de mi primera lectura, me sigue estremeciendo leer en este relato frases como esta: "La lengua le colgaba en la boca como una fruta muerta en una rama, y su corazón era como una ventana pintada de negro".

lunes, 24 de noviembre de 2008

El malentendido

He pasado la noche junto a mi madre. Leyéndole a García Márquez, el único autor que recuerda a sus ochenta y nueve años su cerebro aplanado por la demencia senil. "María de mi corazón" es el relato que más le gusta, cuántas veces se lo he leído en los últimos tiempos, ¿veinte, veinticinco, treinta veces..?.
Ya no ve, casi no oye, vegeta inmóvil en su camita, sólo un hilillo de voz le sirve de unión con el mundo, que únicamente soy yo y alguno de los cuidadores que por su habitación se dejan caer a cada rato.
A las seis de la mañana, oyéndose los primeros pájaros, cuando ha vencido al insomnio y los leves ronquidos me han avisado de que podía dejar de leer, cerrar el libro, contemplar durante unos segundos su rostro arrugado, tan distinto del que evoco de la memoria de mi niñez, dejar un beso silencioso en su mejilla cuarteada y fría, he salido de la habitación de puntillas
Es impresionante la melancolía que destilan las primeras luces de la mañana a través de las ventanas amarillentas de la residencia.

jueves, 12 de junio de 2008

Un mensaje en la botella


Ahora que tengo tiempo pensaré en la muerte como si fuera la amante más complaciente y desnuda que haya conocido. Lo haré sin mirar atrás, no quiero ver las huellas de mi mismo cuando vivía. Ha llegado de pronto una especie de locomotora llevándose mi futuro por delante. Debo empezar de nuevo, de nuevo a hablar, de nuevo a mirar a los demás bajo unos ojos que se me han cambiado. Dejaré de respirar para sentirme muerto de capirote, que los otros me lloren y pronto se dediquen a otra cosa olvidándome. Hoy no es mi mejor día, los tengo peores. Por ejemplo, hace una semana me quedé como plantado en la orilla de la playa durante horas, de pie, escudriñando el horizonte, a la espera de un barco que no llegó. Luego, las olas de la pleamar me empaparon y me tiraron sobre la arena. Un niño que por allí jugaba al balón, se partía de risa viéndome en ese estado.

martes, 3 de junio de 2008

La vida en un blog

El día que perdí mi empleo, mi vida se paralizó. No llovía, ni las nubes cubrían el techo de mi barrio, sólo fui capaz de presentarme en casa de Julia sin avisar. Nos abrazamos un instante con la ternura cálida de quienes se necesitan. Pero ella esperaba a un cliente que venía de Bilbao para un par de horas. Era un cliente muy especial, de los que piden pero que pagan bien. Así que salí de nuevo, fui a parar al bar que está junto al kiosko. Desde allí podía observar vigilante la entrada del portal. Enseguida llegó el tipo que ella esperaba, lo reconocí porque su fotografía cuelga de una de las paredes del salón. Durante dos horas Julia es su esposa, se viste de ama de casa, si es preciso se coloca un delantal, plancha la ropa, pone la lavadora, cocina si él tiene hambre, le prepara el baño, le trae las zapatillas, y luego se deja hacer el amor en el sofá, o sobre la cama. No es un sexo escabroso, ni humillante, se la tira como un marido fiel, acostumbrado a acariciar en los lugares ya conocidos. A ella le gusta sentirse así, propiedad de un esposo imaginario, que la monta con delicadeza, y que le pide y le da satisfacción con una monotonía segura. "¿Me pasas el periódico, por favor?", era una expresión tan matrimonialmente anodina como decir "Abre las piernas, quiero saborear tu alma en mi boca", petición a la que ella accedía para dejarse llevar al éxtasis. Después o simultáneamente, Julia lo enloquecía empleando sus manos de planchadora, tan sabias y tan audaces como las de cualquier esposa de vecindario. Mientras yo pensaba en estas cosas, me iba tomando mi tercer o cuarto descafeinado, esperando que quedara el campo libre.